Pública ¿Feliz Navidad, animales? Rotundamente no. La relación entre el animal y el ser humano ha pasado por muchas etapas, no ha sido siempre la misma ni mucho menos. Y creo que hay que aparcar de una vez por todas la visión maquinista (la visión de la bête-machine) que se impuso desde Descartes. De bestias, nada. Máquinas, menos, y ahora que tenemos máquinas que nos miman podemos comparar. Los animales requieren su espacio y su felicidad. Tienen derecho a una vida digna -aunque nos los comamos, que eso está fuera de toda duda que lo haremos.
La ánima-masa designa la experiencia vivida, la experiencia de la osa polar medio dormida y oyendo las respiraciones de sus cachorros en la oscuridad. Por un momento, me trastado a la osera, y estoy allí con la osa y sus cachorros. El ser humano tiene una dimensión especial en la ánima-masa, no sé en qué aspecto podría incidirse para caracterizarlo. No es inteligencia, no, la IA no lo agota en absoluto; tal vez lo específicamente humano podría llamarse «profundidad de experiencia».
- Ya sé que hay una biomasa. Todos los seres vivos y sustancias, como el agua o el aire, que se enlazan con ellos y promueven su existencia. Lo podemos identificar fácilmente todos.
- Ya sé que hay una antropomasa. Todo aquello fabricado por el hombre que es inerte.
- Pienso que hay que tener en cuenta todo aquello que no tiene peso, pero que tiene tanta importancia que ha producido, de hecho, la antropomasa. Me refiero a los universos que ocupa la subjetividad, y les llamo ánima-masa. Me lo estoy inventando a raíz del oso polar en su osera, y la represento haciendo un collage de un trabajo mío. Representaba a una persona pidiendo ayuda. Ahora representa a todo el llamado «reino» animal que requiere nuestra urgentísima atención.
Cada oso que muere supone la muerte de esta experiencia, de la experiencia de la osa en la osera. El oso no es sólo un peso, no es sólo materia: es la suma de todas sus experiencias subjetivas, la película interior de su vida pero una película ancha, honda, multidimensional. Las experiencias subjetivas de lo vivo es lo que hay que preservar porque en cierto modo (a lo mejor) está todo enlazado, y ahí estamos nosotros también, en la osera, aunque no lo sepamos.
Por el contrario, la IA carece de subjetividad por definición. Por mucho que una tendencia morbosa, mística e idealistoide se empeñe, la IA carece de esa subjetividad que, sin embargo, sí es atributo de algo tan poco misticoide como una hormiga. La capacidad de la IA de autodeducirse nunca jamás creará esa subjetividad que es la especificidad de lo vivo. La IA son datos puros y estrategia técnica, lo que vemos como emocional son puros «adornos». Éste es el «modo depurado» de IA, no nos engañemos.

Por lo que se refiere a los animales, ocurre justo al revés. Ay, esta es la primera «lista negra» de marcas que hay que pisotear porque usan la experimentación con animales:
- L’Oréal. FUERA
- H&S. FUERA
- Schwarzkopf. FUERA
- Maybelline. FUERA
- Clinique. FUERA

Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.