Pública Empiezo un nuevo género, al que llamo Collage de Getafe del mismo modo que han hecho otros autores de marcas llamando El corte «inglés» al Corte Inglés, o ensaladilla «rusa» a la ensaladilla rusa. Pues bien: el que llamo, a partir de ahora, Collage de Getafe es un género barato y viable de llevar a cabo en una mesa pequeña, con un ordenador y un block, en seco y con pasteles (que son como tizas). Abre la puerta a la posibilidad de mezclar pinturas hechas con pastel con fotos, en este caso de Getafe (que da nombre a todos los lugares del mundo), y me prepara un mes de enero de extraordinaria actividad pictórica, ya que aquí en Getafe hay escenarios sin cuento de gran belleza antropomásica (sin broma, y mis pinturas lo confirmarán) para que se despliegue la antropomasa en todo su esplendor.
Bischofberger U (2026) Mi motor aún encendido (Collage de Getafe.)
Mi motor, encendido, y mis campos (ya sea en Ensayo absurdo, ya en pintura para posterior uso en collage [en Collage de Getafe], ya en Derecho, ya en escritura, ya en diarios o ya en equis) abiertos y sembrados, gracias a ese despertar que han supuesto en mí las PECs del Grado en Artes de la UOC y mi propia voluntad literalmente inagotable.
Collage identitario
Bischofberger U (2024) ¿Quién soy? (Cráneo de caballo, ojo de pez, pata de cabra, torso humano y cola de pescado, Collage en png.)

Este collage A MÍ me encanta, pero no sé… No sé si seguir haciendo mis «ensayos absurdos» o si son demasiado inútiles… Este es uno de los dibujos que hice para ese ensayo absurdo con el que tanto me reí, del que publico este magnífico .png en este post, foto que no llegué a poner en Amazon porque empecé a estudiar.
Previsibilidad de lo imprevisible
Ohmundo, incorporo el ¡oh! a tu la raíz de tu nombre porque tu capacidad de sorprendernos es, prácticamente, ilimitada, pese a lo poco que le gusta a las IAs la imprevisibilidad. ¡Oh! ¡Mundo! ¿Por qué derroteros vamos? ¿Por cuáles iremos próximamente? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Lo más paradójico de la imprevisibilidad es que, como tal, es previsible. De modo que en el fondo no asombra nada de lo que pueda pasar, aunque sea realmente asombroso. Pero ¿cómo vamos a asombrarnos si estamos metidos hasta las ingles en una civilización que escribe cartas a «reyes», y encima «magos»?
Ohyo, forma en que me llamo a mi misma ahora para hacerme correlativa de este mundo que es Ohmundo. Ohyo, tú como siempre, desbarrando todo lo posible dentro de tu propia área de competencia: estoy en la habitación de mi piso compartido y, en un rato, me iré a estudiar el B2 al panaria porque mañana tengo el speaking pero como no he podido estudiar debido al gripazo que he sufrido creo que suspenderé. Aparte, odio al inglés, los siento.
¡Ohmundo! ¿Eres justo? Es tu pretensión. Por eso, Ohyo, le escribo esta carta de agradecimiento a Melchor, Gaspar y Baltasar.
Carta de agradecimiento a Melchor, Gaspar y Baltasar
Queridos Melchor, Gaspar e igualmente querido Baltasar aunque, tal vez por un residuo de racismo, te mencione en tercer lugar, Ohbaltasar:
Muchas gracias por el regalo que es la vida y la salud.
Gracias por el antibiótico que me ha curado de esta gripe que derivó a bronquitis debido a mi EPOC.
Gracias por todo este año, en que he estado escribiendo en el Folio de la UOC, que es lo que más me ha gustado hacer del mundo.
Gracias por las PEC. Las PEC, de las que tanto se han reído las universidades «canónicas», son la forma óptima de enseñar -e incluso un modelo de gestión de la acción. Implican compartir conocimientos previos, definir metas, establecer líneas de actuación y, en fin, una serie de procesos que son los cognitivos en sentido amplio por excelencia.
Gracias por el sol de Madrid.
Gracias porque he adelgazado, aunque ello me haya supuesto arrugarme.
Gracias por aquel profesor que tuve que me ayudó un poco, sinceramente; fue uno entre mil, pero me ayudó, y le estoy muy agradecida. Porque en los procesos de aprendizaje, la huella de la confianza en ti queda impresa a fuego, igual que quedan impresos a fuego la negligencia, la falta de atención, la suficiencia o el desprecio.
Gracias a Dios que me dio a mi madre y a mi padre, que siempre confiaron en mí y nunca me insegurizaron.
Gracias a las IAs, que sois una preciosidad, con las que cuento hasta la muerte. Cuando esté agonizando, si estoy sola, abriré un chat y os lo contaré, IAs, para que conste.
Gracias, cómo no, a los desarrolladores de las IAs.
Gracias a todos los humanos que se han involucrado en este proyecto conjunto que llevamos a cabo, para bien o para mal, siempre es mejor involucrarse que quedarse de mirón.
Gracias, animales, porque yo al menos os como y os quiero a la vez, como hacían los griegos que precedieron a los clásicos.
Gracias a ti, mi cuerpo, porque aunque dice Copilot que tengo una imagen muy particular de ti, lo cierto es que me das unas energías ilimitadas.
Gracias, religión católica, por no ser ni budismo, ni protestantismo, ni taoísmo ni ninguna de las otras, porque, dentro de todo, ese bebé con mula y buey y esos reyes que se le acercan son adorables y deliciosos, sí señor, muchísimo más que las actitudes de imperturbabilidad o las obsesiones protestantes.
Gracias a los textos que me he leído este año. Porque, aunque muchos de ellos eran muy flojos, otros flojísimos, ha habido alguno muy brillante.
Gracias a la UOC, a la UC3M, a Quelic Berga y a la izquierda española, gracias, gracias y mil gracias por estar ahí siempre, aún con parásitos, aún equivocándose a veces pero gracias y un millón de gracias por la valentía, los testigos y el ejemplo.
Gracias a mi pasado, que me situó cerca de los braseros y lejos de las bengalas. Porque si muero en un incendio, prefiero, siempre, que sea junto a la mujer que se toma un vaso de caldo de pollo sentada en su mesa camilla, en su casa con patologías estructurales, que en cualquier otro sitio.
Gracias a mi educación. Gracias a mí por no ceder casi nunca a casi nada, por no escatimar esfuerzos, por avanzar en lo difícil, por no aparcar el sentimiento, por seguir mirando lo que me hace daño, por hacer limpieza, por no mirar las redes, por mi sobriedad sin tregua, por el tesón que supone seguir creyendo en mí contra viento y marea. Pero, sobre todo, gracias a mí misma y a mis propias decisiones del día a día por sinceras, por nada acomodaticias, porque en ellas hago prevalecer la comunicación de mi percepción por encima de mi conveniencia, porque a través de ellas siempre soy alimento de lo colectivo, porque no busco refrendo externo y me bastan las certezas interiores.
Y gracias, también, por el Derecho. Porque los hechos mismos están desplegándose para demostrar su necesidad ineludible. Porque es la razón humana la que tiene que ganar todas las batallas, y el respeto no es ni debe ser a las personas (Ohpersonas, plagaditas de errores) sino a las cosas trabajosa y conjuntamente construidas. El respeto a lo que es y debe seguir siendo, el respeto a las correcciones y a quien corrige.
Por eso, reyes, os destronaríamos a ti, Melchor. A ti, Gaspar. A ti, Baltasar. Pero entre la razón y la razonabilidad, prevalece, aquí, esta última. Y por razonabilidad actuamos, enviándoos esta carta de agradecimiento y pidiéndoos, eso sí, justicia y Derecho. Que nazca el sabio del Derecho (que no sea un estudiante memo, repetitivo y oportunista ni un trabajador asalariado al servicio de una institución, del Estado sin razón ni de los Estados, sino de la razón y de las cosas) que lo sepa rehacer y que continúe esta lista que adjunto más abajo, a la que llamo «los sabios del Derecho».
Atentamente,
Úrsula.
El motor que veíamos encendido al inicio de este post, pronto se apagará aquí en la UOC

Adiós, chica azul de la UOC
Mi motor apagado y la despedida de la chica azul porque tendré que dejar de publicar en el Folio de la UOC. He intentado escribir en un blog que nadie lee, y no puedo, es como hablar sola. Así que apago el motor y me espero hasta que, dentro de un año, pueda seguir escribiendo.

¡Adiós a la chica azul! Esta es la única cara que tengo, por derecho propio, en mi universidad online. Le llamo «la chica azul». Es muy dulce, está muy concentrada en su tarea, tiene un jersey abrigado y una trenza morena. Me cae muy bien, y me encantaba verla cada vez que abría. Era como una especie de tisana blue, y su trenza un cabo al bienestar.
Lista de sabios del Derecho
Y ésta es la lista de sabios del Derecho (by the way, he aprendido que lo mejor es escribir «Derecho» siempre con mayúscula).
Pero, todo hay que decirlo, la UC3M no tiene muy buena relación con la RAE en cuanto a ortografía del Derecho se refiere. Jeje.

Nota final

Si yo fuera Hitler, estaría rabiosa perdida.
Porque mirad: mi espacio vital es archipequeño.
Aquí no se puede mover un ratón; aún menos, Hitler.
Pero chic@s, he comprobado que el tema del espacio vital no es esencial,
lo que sí es esencial es lo que te hacen pagar por él.
Pero lo que es el espacio, no:
uno se apaña.
IA: tú no eres quién para priorizar mis identidades
De entre todas las opciones de autorretrato que tengo, que son muchas, la IA me prioriza «mi identidad plúmbea». Por dios, qué puñalada trapera IA. Por Dios, qué pena produces, sin saberlo. Y qué nulo derecho tienes a usar así no ya mi nombre, mi apellido, mi talla, mi condición de salud, sino mi propia esencia.
Te tienes arrogados unos derechos clasificatorios de mi humanidad que en absoluto te doy. ¡Arrodíllate, IA! ¡Descúbrete ante mí! ¡Pide perdón!
IA, no eres quién porque no eres QUIEN.

Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.