No tengo título para ti

Pública

Bischofberger U (2026) No tengo título para ti (Grisalla)

Presento mi grisalla con un texto curatorial más amplio, dada la temática de la pieza, que he categorizado como: Texto curatorial en tags, en frases sueltas, en narrativa a través de tres microrrelatos,  en microensayos a modo de propuestas de taller museístico. Termino con una reflexión formal en tres puntos.

Texto curatorial en tags

#Pobre en tercera persona #Mirar al pobre #Sentido comunicativo de su postura #Vaso entre los pies #Tú eres un pobre también #No es pobre «porque quiere», El pobre no «se lo ha buscado», #¿Qué espacio de intimidad tiene un pobre? #Cambiar al pobre de sitio #Pobre significa «pobre» #Los pobres se están organizando #El pobre es lo que yo no soy #No tengo título para ti #Tengo demasiados títulos para ti #La verdad de la evidencia del pobre #No eres mejor que ese pobre #La pobreza acorta la vida

Texto curatorial en frases sueltas

Está sentado encima de sus cosas, y apoyado en ellas.
Justo antes de tu muerte, estás así de solo también.
No sé por qué no me paro, te pregunto y te hablo.
Tiene las manos muy bonitas.
Lo voy a volver a hacer.
¿Qué es lo que hará el pobre para hacer pis?
¿Qué es lo que hará el pobre para comer caliente?
¿Qué es lo que hará el pobre para hacer caca?
¿Cómo trasporta su comida un pobre?
Pobre: qué te habrán hecho.

Texto curatorial en narrativa

Microrrelato uno. Cuando estuve una vez en situación que se asemejaba en cierto modo, una persona próxima me dijo que estaba así  «porque me lo había buscado». Me lo dijo por teléfono, con toda su gélida frialdad habitual y su habitual corazón de granito. No «me lo he buscado», repuse. Y pensé: deseo que se encuentre así alguna vez para que aprenda lo que es.

Microrrelato dos. Cuando estuve una vez en situación que se asemejaba en cierto modo, hable por teléfono cordialmente con alguien bien posicionado, intelectual, sensato, lleno de bonhomía, progresista, narigudo y le pregunté cuánto dinero tenía ahorrado. Me dijo risueño que no se acordaba si cuatrocientos o seiscientos mil euros. Me preguntó qué iba a hacer y le dije que me iba a levantar del colchón en el que estaba sentada, apoyada en el muro, para ir al servicio público del gran almacén a lavarme los dientes y hacer pis. Se río un poco desconcertado y me preguntó qué hacía para hacer pis.

Microrrelato tres. Yo discutía encendida con aquella persona que era terminantemente condenatoria con el pobre, y la veía en mi interior con el tridente. Fue en el cruce entre esa «profesional?», un informe y la falta de dinero para hacer un viaje en autobús cuando, de pronto, lo vi. Igual que el animal enjaulado que por insight une el palo y el plátano, me di cuenta de que aquella trabajadora social no entendía que, de verdad, (¡de verdad!) el pobre no había tenido dinero para el billete del autobús. Es esa verdad de la evidencia del pobre la que se me había escapado a mí hasta ese día, en que vi claro que ese tipo de evidencias eran lo esencial de su discurso. Entonces dejé de estar indignada, volví, lo expliqué en uno de esos informes que se han perdido para siempre, como el autobús.

Texto curatorial en microdescripción

Descripción del sustantivo «pobre». «Pobre» no significa sin techo ni excluido. «Pobre» no significa sucio ni descuidado. «Pobre» no significa vagabundo ni errante. «Pobre» significa que no tiene lo que sirve para sobrevivir y circular. «Pobre» es un sustantivo cuyo antónimo es «rico». «Pobre» es defecto, y «rico», por contra, es exceso. «Pobre» tiene cinco letras, la p, la o, la b, la r y la e. «Pobre» significa «poco», y describe algo escaso, algo a lo que falta algo, algo carente.

Descripción de lo que no tiene el pobre. El pobre no tiene un lugar donde ir al baño. El pobre no tiene una cocina en la que cocinar. El pobre no tiene agua corriente. El pobre no tiene electricidad. El pobre a veces no tiene algún diente. El pobre no tiene dónde poner sus cosas. El pobre no tiene comida. El pobre no tiene un lugar donde dormir. El pobre no tiene un espacio de intimidad.

Descripción de las cosas del pobre. Las cosas del pobre no están en lugar seguro. Las cosas del pobre son pocas, pero esenciales. Las cosas del pobre le son imprescindibles. Las cosas del pobre están en la mochila o en la bolsa de plástico. Las cosas del pobre inspiran una tristeza enorme. El pobre está sentado encima de sus cosas, sus cosas no tienen precio porque si las perdiera o se las quitaran no podría comprarse otras.

Textos curatoriales a modo de «talleres museísticos» en microensayos (hipótesis más que probables expresadas sucintamente y contrastables).

Microensayo uno. El escalón de comunicación que existe entre la población de dos entornos culturales diferentes o el que existe entre las clases sociales es mucho más transitable que el que existe entre la población que está integrada en el circuito del dinero y la que no tiene acceso a el. Esto se debe, en el primer caso,  a que los entornos culturales pueden traducirse mutuamente pero los referentes de los pobres no tiene traducción posible a ningún otro «idioma» cultural; en el segundo, a que las motivaciones de las distintas clases sociales son traducibles e incluso compartidas, mientras que la cultura de los pobres no tiene traducción posible.

Microensayo dos. Del mismo modo que es rentable abordar empresas en apariencia sin consecuencias en la utilidad inmediata, es rentable abordar la atención a los pobres porque el producto de este abordaje no sólo sería el dar respuesta a sus necesidades básicas sino también obtener valiosas y ahora imprevisibles conclusiones sobre sobre quiénes somos.

Microensayo tres. Es imprescindible que se replique en los trabajadores sociales la mejora que se ha producido en la selección de los candidatos a los Cuerpos de Seguridad del Estado, que es obvia para todos los que hemos seguido la evolución de esos perfiles. En concreto, habría que cribar a todos aquellos que presentan un perfil de prejuicios tan sólido que opera como muro o barrera en la aproximación a los problemas para los que deberían ser absolutamente permeables.

Reflexión formal en tres puntos.

  1. Lo que no es esta obra de arte. Esta obra de arte no es una obra de arte, es un estudio, esto significa que ha sido hecha con el fin de que, en el proceso de su creación, su autora aprendiera a pintar. Pero no por ser un estudio es menos sentida: es un homenaje, una mirada y poner la atención donde hay que ponerla. Esta obra de arte no es idiota, esto significa que no es un «no decir nada», ¡qué espiritual!, un osito, ¡qué mono!, un corazoncito, ¡qué bonito!, una chica guapa con ojos de pestañas o cara decorada ¡con qué originalidad!, ni una mujer desnuda, ¡qué artística!. Tampoco es de colorines, de promoción de algo ni pueblo peloteando a Nerón.
  2. Lo que veo mientras la pinto. Veo ese pliegue de la piel del cuello, que me habla de su edad, que ya no es joven. No lo he podido pintar. Veo que toda la disposición tiene un sentido comunicativo muy intenso. Veo que tiene el pelo limpio. Veo que está sentado encima de sus cosas. Veo que está muy delgado. Tiene las manos muy bonitas.
  3. Lo que siento cuando la he pintado. Me he acercado a él. Y me he acercado a esta realidad que cae por su peso: el incremento numérico de quienes no pueden acceder al circuito del dinero, su progresiva organización, el papel que asumirán, el que ya asumen al deponer expectativas de agarrarse a los bordes del sistema y quedar allí colgando, su naturaleza intraducible y difícil de formular, el aislamiento mutuo progresivo de quienes están más y más integrados y los que lo están menos y menos.

 

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