Pública 
Es un mapa de diferentes aspectos de una misma realidad: el sistema judicial latinoamericano, cuya base última es un contravalor, la muerte, el «plata o plomo» (porque el miedo es determinante en él) y cuya aspiración última es lo más elevado a día de hoy en la Tierra, que es la consideración de la vida como sistema y la protección no sólo de los organismos vivos, sino de los elementos que son su condición de posibilidad. La muerte la he escrito en negro; la vida y los logros, en rosa (v. final de esta entrada).

He dibujado, como contexto, el suprasistema social. Un sistema político sin el cual la situación desintegrada e ineficiente del sistema legal (su situación “corrupta” en otras palabras) no se entendería, pero a la luz del cual resulta totalmente entendible como requisito para la supervivencia de dicho suprasistema, dado que el control político está alimentado por la ineficiencia del sistema legal. No existe la separación de poderes, dado que el poder ejecutivo asfixia la independencia judicial. He dibujado el sistema político como contexto en contundentes letras azules: es radicalmente claro.
El sistema judicial se nutre de una esquizofrenia jurídica de partida: las magníficas Leyes de Indias, de imposible cumplimiento, que llevan al formalismo extremo y al dicho “la ley se acata pero no se cumple”, una forma de actuar que se convierte en segunda naturaleza del subsistema judicial y que se mantiene en el tiempo mucho más de lo esperado por su funcionalidad en el suprasistema político.
El sistema judicial es el resultado de una doble colonización: primero, una colonización que concibe la justicia como una merced real, en la que el Derecho no es de la persona, sino que transcurre de arriba abajo y que tiene dos polos: la persona sumisa por una parte, que se somete en un proceso judicial que es un rito de sumisión, y el caudillo, el núcleo personal del poder, la “cabecita” (etimología de caudillo) delegada que impone todo su propio imperio y el imperio ajeno. Segundo, una colonización extractivista para la que el camino estaba más que expedito. El caudillismo (caudillismo del virrey, del presidente, del juez, del patriarca). La maniobra para “garantizar que los tributos fluyan a la corona”. He representado el colonialismo original español y el extractivismo y colonialismo norteamericano con una gran corona, que representa el oro arrancado del común; la riqueza común, con una pared de ladrillos a la izquierda junto con la definición de justicia (“justicia es que los tributos fluyan a la corona) y “resplandeciendo” pero en marrón… Al caudillo como un tornado rojo, alrededor del cual se mueven el nepotismo, la concentración del poder, los feudos judiciales, el clientelismo… Y, como resumen de toda la situación, la arquitectura judicial “decimonónica”, obstaculizadora; un sistema procesal obsoleto; desconexión entre las leyes importadas y la realidad social.
Su manifestación más relevante y consensuada es la mora judicial, y su esencia (lo que da razón de su ineficiencia) es la inseguridad jurídica. De la inseguridad jurídica salen rayos amarillos en todas direcciones y hacia abajo, porque el peligro de muerte es la forma más honda de dicha inseguridad jurídica, y he situado la muerte abajo. Esa inseguridad jurídica se traduce en la vulneración de un derecho de primera generación, y uno de los primeros en aparecer históricamente: el derecho a un juicio justo, vulnerado por los aplazamientos y las sentencias contradictorias, arbitrarias o compradas -o el peligro de muerte.
La mora, la opacidad y la inseguridad jurídica aparecen estrechamente relacionadas, y relacionadas también con la imprevisibilidad. De este núcleo aparecen, desdoblándose, mediante relaciones en bucle o en círculos que se retroalimentan, decenas de procesos, que he escrito en azul o en verde, y, finalmente, en rojo cuando se convertían en amenazas al imperio de la ley.
Carencias en las personas:
– Inmunidad gremial que nace en los colegios de abogados.
– Jueces comprados; redes de abogados privados en tráfico de influencias o Lawfare.
– Falta de financiación, incentivos perversos y sobornos.
Carencias en los procedimientos:
– Discrecionalidad procesal.
– Interferencias del ejecutivo en el nombramiento de los jueces.
– Y la condición de posibilidad de todo: la sobrecongestión del sistema judicial.
– Sobrecarga de expedientes.
– Impago de deudas por parte del Estado, cuando el Estado es el mayor litigante con ese fin
Medidas viables que no se realizan:
– Formación de los abogados centrada en la transmisión de contenido.
– Inexistencia de marcos normativos claros.
– Digitalización cosmética.

Normalización social de prácticas irregulares.
– Tecnificación de la corrupción: se enmascara,
– Aumento de la percepción de impunidad
– Erosión del Estado de Derecho, lo que alimenta las posturas extremas de derecha que coadyuvan a todo el proceso en general.
En el centro de todas estos procesos, uno particularmente relevante: las consecuencias en la economía de la reducción de la inversión extranjera directa porque las empresas tienen que reservar dinero para posibles procesos judiciales. Este lo he colocado en el centro y en marrón y naranja.
He ido enhebrando todos los elementos fundamentalmente relacionados con la mora que la convierten en corrupción de forma más clara, los he recuadrado en marrón y rellenado a lápiz:
– Captura del proceso judicial por redes clientelares.
– Discrecionalidad procesal: la elección qué expediente se aborda depende del jurista, no de criterios objetivos.
– Opacidad.
– Normalización social de prácticas informales.
– Y la propia mora judicial.

El Sistema Interamericano de Derechos Humanos está pintado como, fundamentalmente, desacoplado y recibiendo dos flechas marrones y mal dibujadas que reflejan su inoperancia real: por una parte, si sólo actúa cuando se agotan los recursos internos… ¿Cuándo actuará? Por otra parte, si la Organización de Estados Americanos nace partiendo del Principio de No Intervención ¿qué posibilidades reales tiene este sistema? En rojo, nuevamente, los hechos que revelan ineficacia: la mayoría de las peticiones son, precisamente, por violación de garantías judiciales; y sus organismos tienen unos índices de éxito muy limitados. Por eso, he resaltado, con líneas quebradas, el desacoplamiento institucional, y he escrito su nombre en diagonal, como quien certifica algo de puro valor formal.

El dualismo normativo heredado de la colonización (hay dos derechos: el derecho del papel y el derecho de acción) está inscrito a fuego en los juristas, incluso los más comprometidos en la lucha contra la corrupción. Esto se relaciona con la vivencia del “fetiche legal”: la creencia en que la inflación legislativa va a solucionar los problemas, en una especie de “pesadilla de reiteración”. Se crean derechos nuevos pero no se crea infraestructura para tutelarlos, por lo que el sistema se congestiona con los recursos; se prioriza el garantismo frente a la eficiencia adjetiva. He pintado un semicírculo para representar esta expansión de derechos, que sin embargo está cerrada. El cierre lo he representado, en la parte de arriba, mediante una línea de ondas, en rojo, como todo lo negativo que va apareciendo al hacer este mapa conceptual.

Pero la otra cara de la inflación legislativa es la creación legislativa. Es la fecundidad enorme, las ganas de que el derecho funcione, lo que da alas a su desarrollo. Y así, es aquí donde nacen las constituciones más avanzadas del mundo, donde nacen los derechos de la naturaleza, donde nace el nuevo derecho relacionado con los indígenas. Todo esto lo he pintado en rosa, y, arriba de todo, la palabra vida, como el otro polo de la tensión, el de la muerte. Sin embargo, he dejado en negro la frase “se legislan derechos de quinta generación” a modo de recordatorio, porque no tenemos siquiera el derecho más antiguo de los de la primera.
Ahora bien: en el desarrollo de este mapa, han ido apareciendo los testigos de hechos inapelables desde el punto de vista jurídico.
– No existe la división de poderes: el ejecutivo ejerce control sobre el judicial.
– No se garantizan los derechos humanos supuestamente fundamentales.

Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.