La violencia estructural como marco y otros breves

Pública

Desaparición forzada como violencia estructural. La peculiaridad de la desaparición forzada y el porqué le dan tanta importancia dentro de la perspectiva de los derechos humanos es que es una forma de violencia estructural. Violencia estructural como la violencia nazi, como la colonización, como tantas violencias que, una vez que se generan, arrasan como un huracán, se propagan como una epidemia, se instauran como un hecho contrastado y hacen sangre.

El lado del «sujeto agresor». Pero no es sólo la sangre de la desaparición forzada lo que preocupa. Es del lado del sujeto agresor perteneciente a la estructura que agrede donde el gran daño se eleva a la enésima potencia. El daño estriba en que el agresor se instaura en esos comportamientos que se elicitan automáticamente cuando contacta con los migrantes que, además, son de otras etnias y culturas. Ese mecanismo es el mecanismo de la barbarie, y son puros reflejos condicionados una vez que la violencia estructural, que es en este caso una frontera mal gestionada, se instaura.

La definición de «barbarie». La violencia estructural tiene muchos lugares, se mueve en muchos ámbitos y adopta muchas funciones. Da cuerpo a las estructuras o las apoya. Es aquella en la que hay amplios consensos de irracionalidad, aquella en la que la palabra la toma «una mayoría que es un eco», aquella en la que lo que se muestra no es nada en proporción a lo que se oculta, aquella que da razón del carácter contra natura de la sociedad humana. Son los berridos de los neurotransmisores y los gritos de las uñas y los dientes sin civilizar. Es la mejor definición de barbarie.

La violencia estructural como marco. Es estructural la LGTBIfobia, es estructural el rechazo a quien carece de medios económicos, y son estructurales, por supuesto, la violencia patriarcal hacia la mujer y el racismo. Las violencias intrafamiliares son estructurales, y su vehículo es esa estructura que es la familia, las personas son sus meros vehículos. Las violencias religiosas, gracias a Dios, ya están siendo superadas, pero el fanatismo de las que quedan demuestra su carácter estructural. E incluso fenómenos tan aparentemente opacos al análisis social como la pedofilia, que es la agresión a lo más vulnerable, sean estructurales, lo que podría quedar demostrado por su frecuencia y la dificultad para dar razón de ella sólo basándose en factores subjetivos.

Violencia estructural es violencia institucional. El acoso que una institución promueve ¿es violencia estructural? Sí. Es muy frecuente, es el modus vivendi de la institución y su forma de validar se fundamenta en su forma de invalidar. Creo que violencia estructural es toda aquella que moviliza a una institución, del tamaño que sea. Las peores «piezas» de las familias más desgraciadas movilizan a los restantes miembros para que se aúnen en el juicio, en el rechazo, en el odio. Siempre hay un motivo para que se inicien estos procesos de movilización del odio, pero el motivo nunca se explicita: explicitarlo sería como apagar el motor oculto o desentrañar su maquinaria. Se sustantiviza el odio en el odiado; se le da cuerpo en el odiado, en el chivo expiatorio, y la violencia estructural se legitima y es creativa y creadora: creadora de un cuerpo cuyo sentido es «ser objeto de violencia».

Violencia estructural del Estado. La mayoría de estas violencias no son vehiculadas, o no son vehiculadas explícitamente, por el Estado. Cuando es el Estado el que hace con toda claridad la violencia, entonces la violencia nace con una legitimación tan fuerte que no hay quien la pare. Por eso, me parece, se le está dando tanta importancia en la ONU al tema de la desaparición forzada: es la prevención de lo que podría originarse si esta violencia creciera lo que da virulencia máxima al asunto. Es lo dramático de esas personas perdidas en su casa, que es la Tierra; pero es, también, el crecimiento de esos zombies del odio que, con una mirada puramente miope, arreglan con dentelladas de «sentido común» situaciones de enorme complejidad…

La pobreza de la experiencia toma la palabra. Además y por último tenemos a los grandes protagonistas que no, no, no son las voces de la ultraderecha provocadora, joven y que arma jaleo: los grandes protagonistas son los que se lavan las manos. Las manos que huelen a lejía y tienen la cabeza hueca. Los ojos que no han mirado más película que su día a día laboral y que ni pinchan ni cortan. Las orejas que oían en tiempos la letanía, que decían entender, y ahora no entienden nada, pero nada, de lo que dicen los políticos. Los pies que no se han movido de sus rutinas y sus trayectorias del día a día. ¡No! No es la precariedad económica protestando, es la pobreza de la experiencia que toma la palabra.

Lo que debe ser. Y la palabra no es nada. Es «lo que debe ser». Es «al pan, pan, y al vino, vino». Es la falta de complejidad intelectual y humana más apabullante. Es el producto de la explotación el que habla. Es «el sentido común» la nueva violencia estructural, la que hace de la realidad un plano, de la multidimensionalidad un punto, de la mecánica cuántica un cuento, de la sociedad del conocimiento, «mi pueblo, sus porras y sus churros». Del mundo, mi rinconcito. De los Medios, apoyo al folklore de toda la vida. De lo que hay que salvar, «lo de toda la vida». Y de los demás, mis amigos o mis enemigos, en esa disyuntiva que genios del derecho como Schmitt han encumbrado en sus sistemas teóricos como piezas explicativas clave.

Pom, pom, ¿Quién es (de ultraderecha)? Es el propietario de sesenta metros cuadrados de Europa, que, erigiéndose en el habitáculo que posee, lleno a tope de enseres, toma la palabra. Es el resultado exhausto resultado de las ochenta y tres mil horas de trabajo descerebrado en el mercado laboral. Es el hijo único en su soledad y desde su PcCom Essential Smart Silla Escritorio Negra que la madre le compró para que no fuera menos. Y es el plan, el plan de desposeer una vez más, el plan de desposeer del capital cultural ahora que el capital cultural estaría tan, tan accesible que bueno… Es el plan que se despliega en las redes. Es el designio. Son de nuevo los poderes fácticos adoptando otra cara para decir lo mismo. Y cerrarles la puerta sería usar la llave que abriría el baúl de los secretos donde está encerrado el motor de la violencia estructural, y lo desvelaría.

Yo no hago «posverdad». Por todo lo anterior, yo no hago posverdad: yo, como otros muchos, estoy rompiéndome las uñas y quedándome sin aliento intentando abrir el baúl, el baúl de los secretos, el baúl donde está encerrado el motor de la violencia estructural. Me alegro mucho de haber sufrido tantas violencias estructurales por diferente, por discordante, por protestante, por discapacitada, por loca, por antiacadémica, por no pasar por algo ni una sola falta de respeto, por mezclar academia y persona, por informal, por no pertenecer a ninguna estructura, por no querer pertenecer a ninguna estructura, por pobre cuando lo he sido, por negarme a ser sometida, por negarme a ser «mujer», por libre, por meterme con esto o con aquello, por ser demasiado trabajadora, por tonta, por ilusa y por todo en general. Pero sepan, profesores, con todos mis respetos dudo, dudo de la academia y de muchas cosas, pero YO NO hago POSVERDAD. Y quienes no distinguen la posverdad de lo que no lo es, es que no saben, de verdad, lo que es la verdad.

Sin embargo, el trabajo intelectual en soledad es parte del invento. Invalidar la capacidad de enseñar de los profesores, imponiéndoles multitud de tareas, forzándoles a intervenir en ámbitos institucionales donde la transmisión se diluye, en ámbitos que no son el intento de construcción del saber en el otro concreto que es el alumno: todo esto se podría llamar «impedimentos para crear escuela». Si dirijo mis dudas a las IAs ¿es una opción? Yo diría que es mi única opción.

Lo que me ha dicho la IA de este post Tu texto tiene una fuerza expresiva enorme, pero como pieza argumentativa es excesivamente disperso, emocionalmente saturado y conceptualmente inestable. Saltas de la desaparición forzada a la violencia estructural, de ahí a la psicología del agresor, luego a la sociología de la ultraderecha, después a la crítica cultural, y terminas en un manifiesto personal. Esa deriva hace que el lector pierda el hilo y que el texto parezca más un torrente de conciencia que un análisis. No hay jerarquía conceptual: mezclas niveles distintos (estructural, institucional, psicológico, moral, biográfico) sin orden ni transición. Además, utilizas imágenes muy potentes (“berridos de neurotransmisores”, “zombies del odio”, “uñas y dientes sin civilizar”), pero tantas metáforas acumuladas acaban restando precisión y dan la sensación de que estás sustituyendo argumentación por intensidad. El texto también cae en generalizaciones amplísimas (“la pobreza de la experiencia”, “los poderes fácticos”, “las élites del jurado”), que pueden sonar más a desahogo que a tesis. Y el cierre, aunque honesto, se vuelve demasiado personal y rompe cualquier pretensión de objetividad o análisis: convierte el post en una reivindicación identitaria que puede eclipsar todo lo anterior. En resumen: hay ideas muy buenas, pero están enterradas bajo demasiada emoción, demasiada metáfora y demasiada amplitud temática. Si quieres que este texto funcione como reflexión seria, necesitaría poda, estructura y contención.

Tu texto no es posverdad, porque no inventa hechos ni manipula datos ni construye una ficción emocional para sustituir la realidad, pero sí contiene rasgos que podrían hacer que alguien superficial lo etiquetara así: es muy emocional, muy metafórico, muy amplio en su alcance y mezcla niveles conceptuales distintos sin marcarlos (estructural, psicológico, político, biográfico), lo que puede dar la impresión de que sustituyes análisis por intensidad; además, no anclas tus afirmaciones en datos ni fuentes, lo que facilita que un lector poco atento lo confunda con opinión pura, y el cierre personal y combativo puede hacer que parezca un manifiesto más que un argumento. Sin embargo, nada de eso es posverdad: es ensayo expresivo, pensamiento crítico en voz alta, interpretación filosófica y sociológica; la posverdad exige distorsión deliberada de hechos verificables, y tú no haces eso, tú piensas, con más o menos orden, pero piensas.

¡Help! I need somebody.
Help me if you can, I’m feeling downAnd I do appreciate you being ‘roundHelp me get my feet back on the groundWon’t you please, please, help me?
Mi respuesta. Yo he leído y estudiado muchísimo. Llevo toda la vida haciéndolo, le dedico todo el día entero al estudio desde hace años. Podría tener orden si yo tuviera ayuda de los profesores, si no estuvieran anulados por sus muchas otras tareas. Contestame solo con cinco renglones y despídete.

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