Desaparición forzada: la mano agarrotada del Estado en la frontera

Pública

Todo está todavía muy borroso, pero se pueden ver ya algunos de los actores: quiénes son, qué hacen, por qué.

Las desgracias

Tenemos en rojo las desgracias. Entre ellas, éstas son las protagonistas absolutas de la situación. ¿Tienen agencia? Es decir, ¿actúan? ¡Vaya si actúan! Lo vemos en las imágenes de la gente desolada de Paiporta, de pronto tan cercana. Lo vemos cuando nos duelen los informes sobre Gaza. Lo vemos cuando el árbol de la esquina florece a destiempo… Ahí están, son su problema pero son el problema de todos. Siguen siendo problemas a pesar de los avances técnicos. Seguimos vulnerables a ellos, y cada vez más. Esas desgracias, como un diluvio, caen encima de la Tierra, que hemos hecho de Estados, que son los coprotagonistas.

 

El Estado verde

¿Dónde caen las desgracias? En los Estados. Tenemos a los Estados. Los tenemos en verde,  significando organización y orden, el Estado. Está pintado como una serie de engranajes. Y no es sólo uno, aunque la frontera final sea de uno: son muchos. Hay muchos Estados en esta historia. La letra no importa de momento, sólo esa raya, una raya que existe y no existe a la vez: la raya que llamamos «frontera», que él, el Estado que nos cuida y protege, defiende haciendo un uso legítimo de la fuerza. Es soberano, es soberano y vuelta a ser soberano, lo cual quiere decir que, en principio, puede hacer lo que quiera y en principio con impunidad. Ahora bien: sólo en principio, porque no está solo y es un simple servidor. Es un servidor de esos redondeles que somos los seres humanos vistos desde arriba, es tu servidor y el mío, porque él es el Estado de Derecho.

Un yo cualquiera

Estos somos nosotros, los dueños de nuestro Estado en cierto modo. ¡Aquí estamos! Bien rellenos, con nuestra piel bien colocada, bien instalados en nuestro país.

Podríamos ser tú o yo.

Aquí el segundo protagonista (amarillo). Él no tiene una piel definida, lo vemos claramente. Es un migrante. Le faltan los documentos, el idioma, el acceso a la justicia y, de momento, no tiene un Estado que le proteja. Todo esto son vulnerabilidades, es decir, agujeros en la piel por los que pueden entrar todo tipo de dolores. Está criminalizado por esas rayas irregulares que salen de él que se llaman «rutas migratorias irregulares», y amenazado por criminales, que son esas rayas perfectamente rectas que casi le alcanzan.

Además, no está solo: vemos arriba que, efectivamente, su vulnerabilidad ha sido profética: ha desaparecido, y tanto su familia como él se han convertido en víctimas. Les tocan las desgracias (rojas), les atraviesan las rayas (criminales) e incluso hay uno, que está pintado muy pequeño, que es un menor. Rotos, vaciados, borrosos, sin protección de ningún Estado.

Las rutas (en negro, rectas o garabateadas). La migración ordenada y las rutas irregulares

Aquí entra la voluntad humana soberana y el raciocinio, que dice como las aves: «si te va mal aquí, inténtalo allí». Entonces el ser humano se convierte en migrante (ni e-migrante que sale, ni in-migrante que llega, migrante). Busca caminos protegidos, pero están llenos. Y en ese momento busca cualquier camino para migrar. ¡Por eso está en esas condiciones tan vulnerables! ¡Son los caminos los que hacen al caminante!

La mano del Estado agarrotado y desquiciado: los puñetazos a ciegas en la frontera

Aquí están pintados los viajes, los rebotes, los mecanismos de contención, los funcionarios, las violaciones de los derechos humanos por parte del propio Estado, toda la sobrecarga y la confusión en sombreado. Aquí está la mano del Estado agarrotado y desquiciado con una herida abierta en la frontera dando puñetazos por doquier, actuando irracionalmente.

Las dos violaciones. Aparecen, glaciales, las redes criminales con sus cócteles y bajo la palmera;  las cuales, viendo la situación, intervienen tranquilamente asesinando para sacar tajada con sus dos violaciones: la violación de la Ley con el tráfico de personas, y la violación de los derechos humanos con la trata. Originan muchos muertos.

Gran mamífero acuático protector: la ONU

Pero aquella institución que nació en oscuras circunstancias de posguerra; aquella institución de la que guardábamos un recuerdo lejano y que nos sonaba light; aquella institución que está, poco a poco, naciendo, sacando la cabeza del fondo de nuestro planeta, aquella institución en la que antes no creíamos ahora se ha vuelto fiable y protectora, y dice: «cuidado. Son seres humanos. Están bajo la protección del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y los Tribunales Internacionales». He pintado la cooperación internacional como un mamífero marino azul, amable y escurridizo, porque aunque tiene áridas leyes tatuadas, es tan esperanzador como el cielo. Su corazón es la cooperación. Su ojo son los organismos internacionales. Está un poco mal a veces (hay algunas áreas que suponen una lucha cuerpo a cuerpo con las redes criminales) pero cada vez más fuerte y saludable. Sus patas son las ONGs serias, como la Cruz Roja. Y su antagonista, todos los que frente a la dignidad humana ensalzan el crimen.

La lluvia verde que cae del mamífero acuático protector

Y tenemos, finalmente, lo que he representado como una lluvia verde, que nutre al Estado, a todos los Estados, de pautas para que termine el ciego golpear a puñetazos y empiece el comportamiento que corresponde al Estado como tal. La lluvia verde que respeta ese redondel amarillo que somos todos. El respeto pasa por que, sean cuales sean las circunstancias, no se trata a las personas más que individualizando.

La desaparición forzada es una conducta delictiva

Sólo con que una persona esté bajo la jurisdicción de un Estado, éste tiene obligaciones de protección. Desde que un migrante es tocado, visto, detectado por un Estado, por una parte entra bajo la protección que suponen los derechos humanos que están presentes en la Constitución de ese Estado,y por otra el testigo de su personalidad jurídica y su identidad se instituye en ese Estado. Sólo con que una cámara grabe sus facciones, sólo con que sea avistado el bulto que es su cuerpo a lo lejos en una patera, el migrante pasa a estar bajo la protección de ese protector que es el Estado.

Si en ese momento el Estado no sólo no se constituye en testigo de su personalidad jurídica y de su existencia ni en protector; si el Estado actúa vulnerando la personalidad jurídica y haciendo desaparecer al propio sujeto, ya sea entregándolo a su suerte o directamente poniéndolo en peligro o dejándolo en un peligro que corre, entonces la actuación del Estado constituye una violación pluriofensiva de los derechos humanos.

DESAPARICIÓN FORZADA

Mi mapa, en blanco y negro


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