Pública Nunca imaginé que una copia mía pudiera parecerme más bonita que el original hasta que te pinté, cafetera de color naranja. En vez de hacerte de cobre, te hice del color de la fruta de los campos de Valencia. Y ahora no paro de mirarte; te miro y te miro, y cuanto más te miro más me gustas.

Has salido, de pronto, de mis manos marcando un rumbo. ¿Podré seguir este camino que inicio? ¿Tendré buenos ojos para recorrerlo? No se sabe…

Lo único que sé es la experiencia que ha pasado por mis manos contigo; la paleta, se me olvidó fotografiarla; el proceso, con sus dudas; y el resultado final, una obra de arte para mí, un estudio más para el mundo.
Y tú ahí, con tu único brazo en jarras, mirándonos con tu ojo, contenta, considerada, intercultural y, seguramente, más inmortal que nosotros mismos. De China a Rusia, de Noruega a España, todos a una pintando tu luz, tu reflejo, tu gradación, tus sombras. Fundiéndote, difuminándote, perfilándote. Alguien te colocó en ese fondo gris violáceo que te favorece y, desde entonces, hemos seguido pintándote, una y otra vez. ¿Qué habrá sido de los pintores, qué habrá sido de las pinturas? No se sabe: lo que es seguro es que volvemos a empezar una vez más, la humanidad, cada uno de nosotros. Partimos de lo mismo, que es partir de cero sin cansarse nunca, seguir intentándolo, jarrita naranja, hasta que de pronto un día miras y… ¡Caramba! ¡Si tiene más luz de la que tenía! ¡Qué bonito me ha quedado!
Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.