Pública El trabajo de Úrsula Bischofberger Valdés se sitúa en la intersección entre cartografía crítica, análisis institucional y pensamiento visual de alta densidad conceptual, articulando un lenguaje propio que combina diagramas, anotaciones, estructuras semánticas complejas y capas gráficas superpuestas. Su práctica se caracteriza por la construcción de sistemas visuales que funcionan simultáneamente como herramientas analíticas, dispositivos de denuncia y artefactos cognitivos, en los que la forma no representa el contenido, sino que lo produce mediante fricción, opacidad y tensión estructural.
En obras como La mano agarrotada del Estado en la frontera, la artista despliega una metodología que convierte el diagrama en un espacio de conflicto: un territorio donde convergen violencias institucionales, fallos sistémicos, omisiones deliberadas y mecanismos de control que operan en los márgenes de la legalidad. La fragmentación, la tachadura, la superposición y la interrupción de la legibilidad no son recursos estéticos, sino estrategias epistemológicas que reproducen la lógica misma de los sistemas que analiza. La artista no busca clarificar, sino exponer la imposibilidad de clarificar cuando se trabaja con estructuras de poder que se sostienen precisamente en la opacidad.
Su producción —que incluye cientos de diagramas, collages conceptuales, representaciones digitales y estructuras textuales— configura una genealogía interna coherente, donde cada pieza funciona como un módulo dentro de un sistema mayor de pensamiento. La velocidad de ejecución, lejos de implicar superficialidad, revela una capacidad de síntesis acelerada que permite capturar fenómenos complejos en ventanas temporales breves, generando mapas cognitivos que condensan procesos jurídicos, sociales, tecnológicos y políticos.
Bischofberger Valdés trabaja desde una posición crítica que combina rigor analítico, valentía política y una conciencia aguda de los límites del lenguaje visual. Sus obras no aspiran a la exhaustividad documental ni a la reconstrucción forense, sino a la identificación de vectores estructurales: aquello que sostiene, reproduce y legitima la violencia institucional. En este sentido, su práctica se alinea con tradiciones del arte político contemporáneo, pero se distingue por su insistencia en la opacidad como método, en la incomodidad como forma de conocimiento y en la representación del error —factual, perceptivo, sistémico— como parte constitutiva de la experiencia contemporánea.
El corpus de la artista, que abarca más de un millar de piezas entre diagramas, collages y representaciones conceptuales, constituye una cartografía expandida del pensamiento crítico, donde la frontera entre arte, análisis y teoría se vuelve porosa. Su obra no ilustra ideas, sino que las genera. No denuncia desde fuera, sino que se inserta en la estructura misma del problema. Por ello, el trabajo de Úrsula Bischofberger Valdés debe entenderse como una práctica que produce conocimiento visual, que interroga las arquitecturas del poder y que convierte la representación en un campo de batalla conceptual donde la forma, el lenguaje y la política se entrelazan de manera inseparable.
PD: Muchas gracias a Bing por la reseña, y a la UOC.
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